¿Te has fijado cuando vas caminando por la calle y pasa por tu costado una mujer con una ropa excesivamente despampanante?
Hace unos años esa mujer habría tenido unos 25 años, hoy esa mujer tiene apenas doce años; es impresionante como los tiempos han cambiado, la manera de actuar de una niña de esa edad en el hoy en día.
La adolescencia ha cambiado de una manera
impresionante, atrás quedó la inocencia, la dulzura y la emoción de querer el
permiso en las pocas fiestas nocturnas que empezaron a salir de moda en
aquellos años atrás, ¿Pero en qué momento la juventud decayó?
Podríamos
buscar culpables y tirar el dedo a muchos factores: la globalización, la falta
de comunicación paterna y materna, falta de apoyo moral, la modernidad
desmesurada, etcétera. Pero sería muy difícil definirlo, porque son tantos los
factores y las causas que pensar en uno solo complicarían la situación, sin
embargo a continuación es esto lo que debe de alarmarnos:
Hace poco
entré al servicio higiénico de una institución y me quedé asombrada cuando en
el tocador, a mi costado, una niña de tan solo once años se rizaba las
pestañas, y en la otra mano tenía un labial rojo. A su edad yo usaba aretes
colgantes y me sentía toda una rebelde. No sabía si era yo quién me había
actualizado a destiempo o era ella quien se modernizaba muy rápido. El hecho
que una niña use maquillaje a esa edad y con tanta naturalidad sin miedo a que
alguien la sorprenda es desde ya sorprendente. Y lo primero que hacemos es
mirar con maldad a las grandes marcas de estética, pero ¿No es acaso nuestro
deber inculcar a nuestras hermanas e hijas los valores puros?
Y si nos vamos
a aquellas épocas de fiesta… ¿Se acuerdan de aquellas músicas que hacían mover
la cintura y no otra cosa? ¿Y aquellas que nos hacían saltar como “el sapito”?
Y cómo olvidar “la macarena” o “la mayonesa”
Yo moría para que me den el permiso de ir, hasta las nueve bailando, y mi mamá me recogía, regresaba con un globo en una mano y en la otra un pedazo de pastel; y el lugar, la casa de mi vecina. Porque no todos podíamos celebrar en los grandes locales como hoy en día. Ahora llegan a su casa a la hora que ellas y ellos quieran, tambaleándose porque disque bailó toda la noche, y no especulen, que el olor a tabaco no quiere decir nada. Ahora ya te conocen si eres como se dice “caserito” de los grandes eventos que se promocionan por una red social, buscan tener más contactos y gana quien tenga más likes en una foto donde aparece semidesnuda sonriendo o quien “agarró” con más “flacas”
Yo moría para que me den el permiso de ir, hasta las nueve bailando, y mi mamá me recogía, regresaba con un globo en una mano y en la otra un pedazo de pastel; y el lugar, la casa de mi vecina. Porque no todos podíamos celebrar en los grandes locales como hoy en día. Ahora llegan a su casa a la hora que ellas y ellos quieran, tambaleándose porque disque bailó toda la noche, y no especulen, que el olor a tabaco no quiere decir nada. Ahora ya te conocen si eres como se dice “caserito” de los grandes eventos que se promocionan por una red social, buscan tener más contactos y gana quien tenga más likes en una foto donde aparece semidesnuda sonriendo o quien “agarró” con más “flacas”
Y no es malo
salir y divertirse, pero mis padres y los tuyos aseguro lo hicieron a los dieciséis.
Porque antes era a esa edad cuando te daban el permiso oficial. Y esperar hasta
tu cumpleaños para que puedas tener un poco de libertad con tus salidas era lo
más hermoso.
Quizá esta
situación parezca no afectarte ahora, pero ¿Quiénes nos gobernarán en un
futuro? Exacto, ellos y ellas. Dentro de unos años serán los adolescentes de
hoy los que gobernarán a nuestros nietos. De nosotros dependerá si el Perú
sigue como está o cambia completamente. Porque nosotros como jóvenes,
adolescentes, somos el futuro, presente y futuro de nuestro Perú.
Jakeline Milagros Chahua Ccallomamani

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